Tenemos un niño de 4 años, en general muy simpático, duerme bien, come bien, es bastante tranquilo y cariñoso. Pero es un niño que se enrabieta mucho desde que tenía un año, coge pataletas por tonterías (Ej.: llueve y no se quiere poner las botas, o nos tenemos que despedir de algún amiguito, etc...), que le duran unos pocos minutos, pero se pone a llorar a grito pelado, hasta que se le pasa y vuelve a ser el niño encantador de siempre...Nos da mucha pena verle así, ya que sabemos que lo pasa mal y nosotros también.
El comportamiento de rabietas es frecuente entre los niños y niñas de esta edad. Durante los siguientes años se empezarán a poner en el punto de vista de los demás y la rabieta, si se ha tratado de manera adecuada, empieza a mejorar. Algunas de las sugerencias pueden ser las siguientes:
1. Controlar el temperamento. Cuando un niño tiene una rabieta pierde totalmente el control y gritarle no tiene ningún efecto, sino que empeora la situación. Para ello:
- Expresar el enfado de forma clara pero breve ("Jon me estoy enfadando mucho" en lugar de "Jon, eres un trasto estás enfadando a amatxu") para no culpabilizarle ni etiquetar al niño.
- No utilizar ni insultos ni tacos, ya que sólo conseguirán asustar al niño y demostrarle nerviosismo, por lo que la probabilidad de que siga con su conducta aumentará, simplemente porque provoca esa reacción.
- Utilizar palabras cortas de control como "basta" o "ya está bien". Resultarán más eficaces que explicaciones largas.
- Expresarle tranquila y claramente vuestra intención de no atender su exigencia: "Jon, lo siento, pero no voy a comprarte esos caramelos".
- Si el niño llora, grita o patalea, dejarle bien claro que no le atenderéis hasta que se comporte de otro modo, pero sin hacer mención al comportamiento negativo que deseéis eliminar, pues si lo hacéis, aumentará ("Jon, aita no piensa prestarte atención hasta que no te calmes").
- Introducir una pausa en el discurso para que las palabras surtan efecto. A vosotros os servirá para calmarte y a él para entender lo que le pedís.
- Hablar despacio, con calma y dando por hecho que lo que decís producirá el efecto que deseáis (con seguridad).
- Nunca os riáis cuando estéis tratando de cortar una rabieta o una conducta inapropiada, pues daréis un mensaje contradictorio.
- Alejarse de la situación de la situación (bastará con unos pasos) o date la vuelta para favorecer la retirada de atención
2. No perder la perspectiva. Las rabietas desgastan y llegan a agotar a la familia, pero forman parte de una fase normal del desarrollo (1-6 años). Todos los niños las tienen.
3. No avergonzaros. La demostración de rabia de los niños es muy embarazosa cuando sucede en público pero la situación no debe haceros transigir a sus caprichos, entendiendo que la mayor parte de espectadores lo comprende y no os juzga.
4. Tratar de evitarlas cuando podáis. Si hay situaciones concretas en las que las rabietas son más probables (al jugar con sus hermanos mayores o en el supermercado) podéis controlar más estas situaciones siempre que sea posible (la respiración es más rápida y superficial, el ceño se frunce). Si veis que empiezan estar alterados, podéis intentar calmarlos antes de que alcancen el punto álgido. Otra estrategia es Intentar distraer su atención con un juguete concreto o pedirle que os ayude a hacer algo (en el supermercado).
5. No hay que rendirse. debéis hacer todo lo posible para no rendiros ante los hijos en edad escolar, si los niños perciben que consiguen lo que quieren si su rabieta es suficientemente ruidosa. debéis limitar lo que aceptáis y lo que no.
Desearía saber cómo actuar para que a la hora de hacer los deberes del cole y leer todos los días, mi hija de 8 años no se niegue siempre y tengamos que estar peleando con el todos los días. Es decir, como motivarle para que ella misma sepa lo tiene que hacer sin que le mande nadie.
Con esta edad, es importante, por un lado, crear el "hábito" de estudio (que llegue a ser una rutina diaria y obligatoria que más o menos dure todos los días el mismo tiempo y se realice en el mismo lugar y a la misma hora).
La ayuda también debe dirigirse a motivarle para el estudio. Se conseguirá si mostráis interés por sus estudios y dais mucha importancia a sus tareas escolares. En la medida en que se aprecien positivamente los trabajos que hace bien y los pequeños éxitos de cada día, le estimulareis para seguir esforzándose.
Este tiempo de trabajo personal os permitirá incidir en la educación de algunas capacidades fundamentales como son la atención, la perseverancia, la laboriosidad, la responsabilidad, el orden y la organización. Algunas de estas capacidades también las desarrollan en el centro escolar pero, por ser fundamentales, tiene un interés evidente participar directamente en su desarrollo.
Es importante organizar con anterioridad las obligaciones y el tiempo libre ya que:
- Potencia la concentración. Es más fácil centrar la atención en la actividad que hay que realizar si se cuenta con un espacio de tiempo exclusivo y determinado para ella.
- Sirve para ser consciente del propio rendimiento y regular los esfuerzos.
- Ayuda a librarse de la preocupación o angustia que conlleva la acumulación de tareas pendientes.
Es importante planificar y diseñar conjuntamente con ella un horario de estudio efectivo y hacerle descubrir las ventajas de realizar una programación adecuada a su tiempo. Vuestro objetivo consiste en que vuestra hija vea el resultado positivo de una organización previa.
El plan de estudio efectivo sería:
* Personal: determinar cuál es el mejor momento del día para dedicarlo al estudio, qué actividades extraescolares se realizan normalmente y dejar el tiempo necesario para el descanso y el ocio.
* Realista: es conveniente programar el trabajo de manera que se pueda cumplir; sobre todo al principio, vuestra hija debe sentirse capaz de cumplirlo, para que no aparezca el desánimo, frustración o rechazo. Se debe dedicar un especial interés a las materias más costosas y al orden de realización de tareas. Es mejor comenzar con las de dificultad media para pasar a las de dificultad más elevada y terminar con las más fáciles.
* Flexible: preparado para imprevistos, que pueda ser modificable ante excepciones. Quizá deba ampliarse o reducirse el tiempo dedicado a una actividad según el esfuerzo o la dedicación que veáis que la actividad demanda a vuestra hija.
* Escrito: al tener 8 años, solemos recomendar que se elabore un cuadro con dibujos que representen las actividades que hay que realizar.
Tengo dos hijos: uno de 3 años y otro de 18 meses. El niño mayor ha aprendido en la escuela la palabra "tonto" y le gusta repetirla una y otra vez. Si se enfada conmigo, me lo dice a mí y también a su hermano. Ayer en la calle nos encontramos con un conocido y al niño que tiene 2 años e le empezó a llamar "tonto" y se quedó tan tranquilo. Ya no sé cómo actuar ya que he probado de todo.
Antes de conocer las estrategias es importante recordar:
- Con 2-4 años a los niños/as les gusta hacer lo que quieren pero empiezan a ser conscientes de las normas de educación. Comienzan a recordar las reglas sociales que les hemos enseñado (entre ellas el no insultar), aunque todavía no sean capaces de ponerlas en práctica.
- Con 4-5 años, son más conscientes de las buenas formas ("no insultar" entre otras...) porque les gusta ganarse a los adultos. Esperan incluso recompensa por sus buenas maneras y pueden sobreexagerarlas.
Las estrategias recomendadas para este caso serían:
- No convertir al niño en centro de atención cuando dice "tonto".
- Para ello, se le dará la norma, con serenidad, sin enfado pero sí con mucha firmeza "no llames tonto al niño/adulto porque no le gusta y a ti tampoco te gustaría".
- Aunque siga repitiendo "tonto, tonto, tonto...", la norma está explicada. Se vuelve a repetir y se le llama la atención sobre algún otro aspecto como elemento distractorio, por ejemplo: "Mira!!! ¿Has visto qué coche ha pasado? Vamos a ver si lo vemos porque seguro que te gusta..."
- Se utiliza el elemento de distracción porque lo que nos interesa es que aprenda esa norma. Sin que sea la propia palabra "tonto" la protagonista en la relación posterior.
- Hay que mantener la norma en el tiempo aunque, de repente, un día, nos sorprenda de nuevo diciendo "tonto" como probando.
Tengo un hijo de 2 años y por las mañanas me pide un vaso de leche tras otro, ¿se lo tengo que dar o no?. A la vez pide también estar viendo los payasos.
Lo más importante para este caso es que los adultos sepáis la cantidad de leche que necesita tomar vuestro hijo al día por su edad (consultar con el pediatra). No podemos dejar que los niños pidan sin un límite aquello que en un momento concreto les apetece (es posible que siga pidiendo la leche para poder seguir viendo los payasos). Por otro lado, se debe dar importancia al momento del desayuno o de otras comidas y saber que son momentos en los que hay que respetar unos mínimos como no ver la televisión, no jugar e incluso no discutir. La buena nutrición empieza, no solo por controlar la cantidad y calidad de los alimentos a tomar, sino también por disfrutar en la mesa sin broncas, chantajes, ni otras distracciones; intentando que esos ratos sean agradables.
Tenemos una hija de 15 meses que, de momento, y hasta los 3 años no vamos a escolarizar porque yo no trabajo fuera de casa. Yo le hablo en euskera, el padre en castellano y queremos enviarle a un colegio inglés, ¿se liará con los idiomas?.
Algunos padres y madres pueden considerar que el aprendizaje de un segundo idioma, e incluso un tercero (como es vuestro caso), puede suponer un freno e, incluso, un retraso en el desarrollo lingüístico del niño. Alguna que otra vez, la niña podrá mezclar alguna que otra palabra entre los idiomas en uso, pero son casos normales al principio, principalmente cuando los idiomas presentan palabras semejantes. Sin embargo, esos pequeños "fallos" suelen desaparecer con el tiempo.
Según las investigaciones, los/las niños/as expuestos/as desde muy temprano a dos lenguas, crecen como si tuviesen dos seres monolingües dentro de su cerebro. Cuando dos idiomas están bien equilibrados, los/las niños/as bilingües tienen ventajas sobre niños/as monolingües, ya que el bilingüismo tiene efectos positivos, por ejemplo: ventajas culturales, flexibilidad intelectual, sensibilidad para la comunicación, enriquecimiento de experiencias, mayor autoestima, posibilidades de acceso económico y facilidad de aprendizaje de otras lenguas.
Es mucho mejor el aprendizaje precoz, es decir, hablar a los/las niños/as en ambos idiomas desde el nacimiento, pues permite el dominio completo de la lengua, al contrario de lo que sucede si se enseña la segunda lengua a partir de los tres años de edad. En el caso de la tercera lengua, si la niña ha tenido un proceso adecuado de desarrollo bilingüe, y estas estructuras lingüísticas (castellano-euskera) están firmes, las conoce y comprende, no tiene por qué tener ninguna complicación después en el centro educativo con esa nueva lengua (inglés) a los tres años.
Nos gustaría saber cómo actuar cuando una niña de 4 años es desobediente. Gracias.
Cuando intentamos que un/una niño/a aprenda alguna pauta de comportamiento adecuada, se puede utilizar la técnica "tiempo fuera": aproximadamente 4 ó 5 minutos (no más con esta edad), esto es, enviarle a una parte de la habitación manteniéndose de pié, explicándole por qué y hasta cuando estará. Puede que llore, pero no debéis ceder.
Puede ser un lugar de la habitación desde donde ella os pueda ver y vosotros le podáis ver, pero sin que haya contacto. En principio, este tipo de técnica no tiene por qué generar ansiedad en la niña si se hace adecuadamente, es decir, sin gritos ni enfados extremos y con firmeza y seguridad por parte de los padres y madres. Es, principalmente, un proceso de aprendizaje de un nivel de frustración que favorece la tolerancia a la misma, que, posteriormente, le puede ayudar en otras situaciones.
Otras pautas sobre los castigos para recordar son:
1.- Deben utilizarse de manera racional y sistemática para hacer mejorar la conducta del niño/a. No deben depender de nuestro estado de ánimo, sino de la conducta del niño/a.
2.- No aplicar el castigo regañando o gritando, porque indica que nuestra actitud es vengativa y, con frecuencia, refuerza las conductas inaceptables.
3.- No aceptar excusas o promesas por parte del niño/a.
4.- Hay que dar al niño/a una advertencia o señal antes de que se le aplique el castigo.
5.- El tipo de castigo y el modo de presentarlo debe evitar el fomento de respuestas emocionales fuertes en el niño/a castigado.
6.- Cuando el castigo consista en una negación debe hacerse desde el principio de forma firme y definitiva.
7.- Hay que combinar el castigo con el refuerzo de conductas alternativas que ayudarán al niño/a a distinguir las conductas aceptables ante una situación determinada.
8.- No hay que esperar a que el niño/a emita toda la cadena de conductas agresivas para aplicar el castigo, debe hacerse al principio.
9.- Es conveniente que la aplicación del castigo requiera poco tiempo, energía y molestias por parte del adulto que lo aplique.
Queremos pasar a nuestros gemelos (2 años) de la cuna a la cama. ¿Cual es la forma más correcta de hacerlo?
Desde el punto de vista de los niños, el cambio de la cuna a la cama se trata de un paso enorme. Se han acostumbrado a la seguridad de la cuna desde que nacieron y, probablemente, les gusta.
En este proceso, hay que ser pacientes con los niños, neesitan un tiempo para acostumbrarse a su nueva cama. No debe sorprender si, por ejemplo, se levantan de la cama después de haberles arropado; o llaman a los padres requiriendo su presencia; simplemente todo les parece un poco extraño. Los padres y las madres deben limitarse a meterle en la cama de nuevo, sentarse un momento a su lado y tranquilizarles. Hay que mantener en todo momento una actitud positiva: se les puede decir que ya han dormido una noche en su nueva cama como los "niños mayores" y los padres pueden asegurarse que los niños les oyen cuando lo comentan con otros adultos (familiares y/o amigos).
Algunos principios prácticos a tener en cuenta en este cambio, son los siguientes:
- Comentar el traslado con antelación: explicarles en qué consistirá el cambio les irá dando tiempo hecerse a la idea. En este caso, sobre todo, previamente o durante la cena, es importante ir anunciandoles que irán a la cama con su muñecos como "los mayores"...
- No dudar en utilizar la técnica del "niño mayor". Hacer hincapié en que los "niños mayores" duermen en camas grandes, actuará como incentivo. Les gusta parecerse a ellos.
- Dejar que elijan: siempre que sea posible, hay que dejarles tomar parte en las decisiones que afecten en la decoración de su cama, los edredones, cojines, etc. Esto fomenta su entusiasmo.
- Poner la cama en su habitación antes del traslado, unos días antes de que empiecen a dormir en ella, ayudará a aumentar su confianza.
- Por último, recordad: Sin prisas, primero que hagan la siesta en la cama y luego ir haciendo que duerman en ella por la noche.
Tengo una hija de 6 años que siempre ha sido bastante pesimista, pero ya hace 3 semanas que no quiere ir ni a la ikastola ni a las actividades extra-escolares; se pone muy nerviosa y va llorando a todos los sitios; también ha dejado de comer. Me gustaría saber cómo ayudarla.
El mejor tratamiento del miedo escolar es continuar yendo a la escuela. Los temores se superan enfrentándolos cuanto antes. La asistencia diaria a la escuela hará que casi todos los síntomas de la niña mejoren. Los síntomas se volverán menos intensos y se presentarán con menor frecuencia y, con el tiempo, la niña disfrutará de la escuela.
Sin embargo, puede que al principio la niña ponga a prueba vuestra determinación de enviarle a la escuela todos los días. Los padres debéis hacer que la asistencia a la escuela sea una regla rigurosa, sin excepciones.
Los padres debéis ser particularmente firmes las mañanas de los días de escuela. Al principio, las mañanas pueden ser difíciles. Nunca se le debe preguntar a la niña cómo se siente porque esto le puede estimular a quejarse.
Si la niña está suficientemente bien para estar levantada y andar de un lado a otro dentro de la casa, está suficientemente bien para poder ir a la escuela. Si se queja de síntomas físicos, pero son los que ya ha mostrado en otras ocasiones, deberá ser enviada a la escuela inmediatamente con mínima discusión.
Aunque se le haga tarde, la niña debe ir a la escuela. Se deben hacer los arreglos de antemano para el transporte de la niña en caso de que pierda el autobús escolar (en caso de que lo use). Si la niña se va andando a casa por cuenta propia durante la hora de la comida o el recreo, debe hacerse regresar a clase de inmediato.
Algunas veces un niño puede llorar y gritar, negándose absolutamente a ir a la escuela. En ese caso, después de hablar con él sobre sus temores, se le debe llevar. Uno de los padres podría ser mejor que el otro en hacer cumplir esto. Incluso en algunas ocasiones, un pariente puede encargarse del asunto durante unos días.
En algún momento, que no sea una mañana de escuela, hablar con la niña sobre sus problemas, alentarle a decir exactamente lo que le molesta, preguntarle qué es lo peor que podría pasarle en la escuela o en el camino a la escuela. Si hay una situación que pueda cambiar, decirle que harán todo lo posible por cambiarla. Después de escucharle atentamente, debéis decirle que entendéis sus sentimientos, pero que sigue siendo necesario que asista a la escuela mientras mejora.
Fuera de la escuela, en ocasiones, los niños con miedo escolar tienden a preferir estar con sus padres, jugar dentro de casa, estar solos en su cuarto, ver mucha televisión, etc. Muchos no pueden pasar una noche en casa de un amigo sin desarrollar un sentimiento abrumador de nostalgia. Necesitan estímulo para jugar más con sus compañeros.
Esto puede ser difícil para los padres que disfrutan de la compañía del niño, pero a la larga es el mejor curso de acción. Es necesario que animéis a vuestra hija para que participe en actividades de grupo (Ej. : hacer una fiesta en casa con los compañeros de la escuela). Además, es conveniente que enviéis más frecuentemente a la niña fuera de casa o a las casas de otros niños.